¿Quién agarró mi pluma?
Perder un bolígrafo es un asunto de oficina. De oficina y de la vida corriente. Negras o azules y, hasta la de tinta roja escandalosa y nada discreta, agarra sus maletas y se pierde por completo y no volvemos a verlas nunca.
Se escapan de la mano. De la bolsa de la camisa. Algunas mujeres la pierden mientras la pluma descansaba en su cola de caballo. En las mochilas, en los bolsos, en los escritorios. Habrá quienes culpen a los duendes. Habrá siempre quienes culpen a sus compañeros de oficina. Todos conocemos a una o un auténtico “robaplumas”, de no conocerlo, muy probablemente seas tú.
Muy pocas personas han visto agotarse la tinta de una pluma Bic de principio a fin. De hacerlo, es digno pedir un deseo y de paso, una pluma nueva. Podríamos decir que las plumas no son de nadie y del mismo modo asegurar que las plumas son de todos. Propiedad general del mundo.
Cuando éramos niños una de las mayores preocupaciones era mantener los lápices de colores con la punta bien afilada. Luego con los lápices comunes había que hacer un gran esfuerzo por no morder su borrador. Poco después empezamos a mancharnos las manos con tinta y a perder plumas y conseguir nuevas para volverlas a perder.
¿Quién agarró mi pluma?
¿Alguien me puede prestar una pluma?
Otra vez perdí mi pluma…
Perder un bolígrafo es un asunto de la vida.

